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Cuando la respuesta llega desde la herida
Finalizaba 2025 y la inspiración para la 13 Jornada socio-teológica no llegaba. ¿A dónde dirigir este esfuerzo anual para seguir creando espacios religiosos de paz, seguros para todas las personas, y especialmente para aquellas con géneros y sexualidades no hegemónicas?
¿Cómo seguir articulando la diversidad de experiencias de fe y espiritualidad para sanar las violencias que nos atraviesan de modo individual y colectivo?

La respuesta nos llegó con triste claridad cuando el huracán Melisa impactó Cuba el 29 de octubre, dejando una profunda devastación a su paso y profundizando las condiciones ya precarias en que se vivía en la isla.
Cuando la necesidad es tan grande, puede parecer que lo que una hace es pequeño, incluso insuficiente. Y, sin embargo, sabemos que ayudar nunca es irrelevante. Sabemos también de la fuerza que nace cuando se tejen lazos comunitarios para sostenernos y sanar.
Por eso nos fuimos a la comunidad María del Pilar, en Santiago de Cuba, una de las más afectadas por el huracán en el oriente del país. Allí compartimos un taller y un espacio de cuidados con la red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales de la provincia, que incluyó en esta ocasión a dos representantes de la red de hombres trans.
Después de más de 10 años de trabajo, hemos tenido la suerte de caminar junto a una diversidad de líderes religiosos y espirituales, aprendiendo a encontrarnos y a trabajar en conjunto para promover una vida más plena.

Así, cristianos, budistas y artistas visuales unimos esfuerzos no solo para acercar recursos materiales, sino también para compartir herramientas espirituales y lúdicas que acompañaran los procesos de sanación y búsqueda de sentido.
Esta diversidad en el equipo hizo posible que el acompañamiento no fuera en una sola dirección, sino un espacio de diálogo. Distintas maneras de entender lo divino y lo humano se pusieron al servicio de la dignidad de estas comunidades, que enfrentaban una crisis sanitaria y humanitaria profunda.
Nombrar el dolor, abrir la esperanza
Los talleres, titulados Sanar el corazón: espiritualidad para tiempos difíciles y trauma comunitario, tanto en la comunidad María del Pilar como con la red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales, fueron el alma de la misión. A través de materiales, juegos y ejercicios de respiración, Michel Tai Hei, Ileana Botalín, Dianelys Ortega y Elaine Saralegui acompañaron espacios donde las personas pudieron ponerle nombre al dolor y, poco a poco, transformarlo en comunidad.
No se trató solo de hablar, sino de ritualizar la esperanza. En medio de la precariedad, logramos sostener un refugio seguro donde procesar el impacto emocional del huracán Melisa.
Gestionar la llegada a una comunidad tan numerosa como María del Pilar requirió de una coordinación cuidadosa y atenta. En este sentido, la labor de Adriana Riyukiyoi, Rafael Botalín y Ayerim López fue clave para que la logística fluyera con orden y cercanía, permitiéndonos entrar en contacto con las 75 familias.
Al mismo tiempo, el compromiso de no dejar que estas historias se pierdan fue asumido con gran sensibilidad por Osmara Alberteris, a cargo de la fotografía, y por Daylet en las cámaras. Gracias a su mirada, no solo registramos nuestra presencia, sino que logramos cuidar la luz, los rostros y la dignidad de personas que, en medio del caos, nos compartieron un rostro de Cuba muchas veces silenciado.
Cuando la solidaridad se hace cuerpo
La solidaridad tomó forma en recursos concretos donados por personas a partir de la convocatoria de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba, junto con una contribución monetaria de la denominación.
Estos recursos buscaban sostener la vida en sus niveles más básicos y urgentes. Logramos distribuir medicinas, ropa, juguetes y alimentos para 75 hogares, incluyendo productos esenciales como aceite, arroz, conservas y jabón, además de leche deshidratada para niñxs y ancianxs.
Para el contacto con la comunidad trabajamos con líderes locales como Elizabeth Díaz quien conocía toda la zona por su trabajo anterior en Cáritas Santiago. Ella se encargó de contactar con los líderes de la localidad que fue escogida con anterioridad por haber sido una de las más afectadas y que hasta ese entonces no había llegado ninguna ayuda por partes de las autoridades estatales.
Gestionar la llegada a una comunidad tan numerosa como María del Pilar, requirió de una coordinación precisa y sensible. En este sentido, la labor de Adriana, Rafael y Ayerim, fue fundamental para que la logística fluyera con orden, permitiéndonos entrar en contacto con las 75 familias.
Junto a este esfuerzo organizativo, la misión de no dejar caer estas historias en el olvido fue asumida con una profunda sensibilidad por Osmara Alberteris, a cargo de la fotografía, y por Day Asevedo en las cámaras. Gracias a su trabajo, no solo documentamos nuestra presencia en estas dos comunidades, sino que logramos preservar la luz, los rostros y la dignidad de personas que, en medio del caos, nos enseñaron un rostro de Cuba, muchas veces silenciado.
Este viaje reforzó nuestro compromiso de no olvidar, de compartir, de crear juntos. Seguimos conectadxs con las historias de cada persona que nos enseñó resiliencia en medio del caos. La espiritualidad que nos guió, esa que abraza el dolor y siembra esperanza, sigue siendo nuestra brújula.
A continuación, te invitamos a leer la experiencia del equipo de trabajo.
¡Gracias por ser parte de esta red que no se rinde!





























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